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Por Patricio Mena Vásconez y Robert Hofstede
Foto Rober Hofstede / Proyecto SUBIR

La diversidad entre el bosque y la nieve

Ejemplares de Polylepis sericea en el Cañón del Colorado, en la Reserva Ecológica Ángel. Estos árboles, también conocidos como árboles de papel, colorados, yaguales, pantzas o queñoas, pertenencen a varias especies dentro del género y forman parte de los parches boscosos en el paisaje de páramo.

La Tierra, un planeta común y comente en la mayoría de sus características cósmicas, es único en el Universo porque, hasta donde sabemos con certeza, sólo aquí hay vida. Una consecuencia de este fenómeno extraordinario es que la Tierra es el único planeta donde existen ecosistemas. Los seres vivos no viven solos, y la riqueza de la vida no está solamente en la cantidad de diferentes formas, sino también, y de manera más importante, en las asociaciones dinámicas que forman entre ellas y con su medio físico. Los páramos son una de ellas.

La historia del planeta es igualmente, por definición, única. La vida llegó hace 3 mil millones de años y desde entonces ha cambiado y se ha diversificado como un gran árbol. Una de las ramas que surgieron (y no desaparecen todavía) es la de los humanos. Nosotros tenemos nuestra propia historia y, como consecuencia, nuestro planeta está dividido no solo en ecosistemas sino en países. Por supuesto, a los ecosistemas no les importa en absoluto los límites políticos; así, resulta extraño hablar de cuántos ecosistemas tiene cierto país; pero la historia humana y ecológica están íntimamente relacionadas a través de nuestra cultura. Como corolario, el territorio actual del Ecuador contiene un fragmento de la diversidad ecológica del mundo, y ese fragmento nos hace casi tan únicos en la Tierra como la vida hace de ella algo único en el Universo.

Por esas contingencias históricas, nuestro país resulta pequeño en el entorno mundial pero tiene a la par ciertos atributos que lo hacen inmenso: está en la zona tropical, lo que es especialmente apropiado para permitirle albergar gran cantidad de especies y, por lo tanto, para que se desarrollen variadas asociaciones ecológicas. Además, nuestro país está cruzado por montañas muy altas que crean una escalera donde viven más especies de las que lo harían si solo hubiera una inmensa llanura. Y por si esto fuera poco, la Costa está bañada en el sur por una comente marina fría lo que hace que esa costa sea seca y tenga especies de clima árido, mientras que en el norte las corrientes son cálidas y las costas lluviosas, con especies de clima húmedo.

Trópico, montañas y comentes hacen que el Ecuador tenga más especies que países mucho mayores, como Rusia o Argentina. En términos relativos, es decir, si tomamos en cuenta nuestro tamaño, el Ecuador resulta di largo el primero al hablar, por ejemplo, de número de vertebrados terrestres por unida de superficie. No solo tenemos un campeón en marcha sino que (gracias a las contingencias históricas), también somos primeros en biodiversidad.

Esta se encuentra en varios ecosistema que van desde las tierras cálidas y secas d Galápagos hasta los húmedos bosques andinos, pasando por manglares, bosques lluviosos y desiertos. El ecosistema más alto de todos es el páramo, que está sobre los bosque andinos y bajo las nieves. La altura típica, pero no fija, a la que empiezan los páramo ecuatorianos es 3.500 metros. En el sur, a partir de Alausí aproximadamente, los páramo empiezan un poco más abajo: 3.000 metros.


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CONTENIDO REVISTA 9

 

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