No. 89 - mayo junio 2014
 
 
 
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¿Minería a gran escala en Quito?

No es un intento de alarmar a la ciudadanía; tampoco es una ficción. Sucede que a espaldas de la urbe, en las laderas subtropicales del noroccidente de Pichincha, existen bloques de concesión para exploración minera (y eventual explotación en un futuro cercano). Al parecer, en el subsuelo de los sectores de Ingapi y Urcutambo, en las parroquias rurales de Pacto y Gualea, existe oro en cantidades que ambiciona la empresa nacional minera (ENAMI). El agua y la biodiversidad del Quito rural se ven amenazados por los intereses mineros.

En los últimos meses, varias veces han procurado ingresar a la zona técnicos de la citada empresa pública, pero se han topado con un impedimento: gran parte de la población se resiste a la explotación minera por temor a la contaminación, pérdida de biodiversidad, deterioro de suelos, impactos sociales y detrimento de sus actividades productivas. El cultivo de caña de azúcar y la ganadería de leche están entre las prácticas más comunes en la región, junto con la producción de panela orgánica de exportación y café también orgánico.

Una coalición de varios colectivos que tienen relación con el noroccidente de Pichincha recién han lanzado la campaña “Un Pacto por la vida” para mostrar a los habitantes de la ciudad lo que sucede muy cerca nuestro y que, por tanto, nos atañe tanto como a los campesinos que se verán directamente afectados. En los alrededores de Pacto y Gualea hay considerables parches de bosque nublado donde residen osos de anteojos, pumas, tigrillos y gran cantidad de aves, reptiles y anfibios endémicos de la ecorregión del Chocó; donde corren ríos cristalinos y donde la gente busca modos sostenibles de subsistencia y autodeterminación.

Nos invitan a hacer un pacto por una ciudad diversa, amable y unida, libre de minería y contaminación.



   
       
 
EL JUEGO ACABA CUANDO
TERMINA
   
 

Sobre el fútbol, acaso como sobre ningún otro deporte, se ha escrito un sinnúmero de libros, se han producido muchas películas y series de televisión, se han compuesto numerosas canciones. La exposición “Fútbol: el juego solo acaba cuando termina”, que se muestra en el Centro Cultural Metropolitano de Quito, es un nuevo intento por retratar los “detalles accesorios” y los elementos vitales de este juego que despierta enconadas pasiones: quienes lo queremos, lo queremos de verdad, y quienes lo aborrecen lo hacen de igual manera.

Artistas de nueve países nos muestran en video y fotografía el carácter sacro de este deporte, su ritmo, el fervor de los hinchas, el momento sublime del gol, su arquitectura de juego, la vibración sonora que lo rodea. Y también la melancolía del tiempo que no vuelve atrás, la desolación del final del partido, el calvario de la derrota.

Procura así retratar al fútbol tal y como es: una inofensiva diversión, nada más que un juego. Aunque sea inevitable que se lo piense como una “poderosa metáfora de la vida real”, y pese a que ha sucumbido ante las leyes del mercado global y a los forcejeos políticos, la libertad de jugarlo en cualquier sitio y sin más implemento que una pelota hace de este el deporte más popular del globo.
La muestra, de interés para futboleros y no futboleros, inicia con una invitación a probar destrezas en el futbolín; adentro nos sumerge en la atmósfera de los sonidos e imágenes que hacen al fútbol. Estará abierta desde mayo hasta agosto.


   



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