Mayo 1999
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Por Rogelio de los Campos Rioverde
Foto J.M.W

Huaorani
continuación (5/5)

Muchas costumbres huaorani solo permanecerán mientras viva la generación Huepe. Aquí con su bodoquera y su pote de curare.

A su mujer la llevó a la casa y le dio unas plantas para que abortara. Ella abortó puras culebras. Cuando después de unas semanas ella regresó a la chacra, vio cómo los gusanos de la boa podrida se transformaban en niños frente a sus propios ojos y le decían “mamá, mamá”.

Ya que había tenido relaciones con la boa, pensó que podrían ser sus hijos y los llevó hasta su casa y allí los crió. Estos niños eran todos de razas distintas, y de los dientes de la boa sacaban artefactos que los huaorani nunca habían visto: botas, machetes de metal y carabinas. Cuando crecieron un poco, supieron por el canto de la pava hedionda que su verdadero padre, la boa, fue muerto por el marido de su madre. Se organizaron entre ellos para vengarse y mataron a su padre huaorani que los había criado, ahumaron su carne y se la comieron. Luego robaron las plantas de los huaorani y se fueron a vivir río abajo. Esta es la historia del origen de todas las razas, los que comieron a su papá, los cohuodi. Todos los que no son huaorani entran en esta denominación, excepto los huebeca huaorani, que son otras personas que viven como ellos, como la gente, en otros lugares.

Los huaroani. Un pueblo guerrero que ha luchado durante un siglo contra caucheros, soldados y petroleros que asediaban su territorio, hoy han aceptado de manera consciente la paz porque es lo que todos ellos aman. Sin embargo, ahora enfrentan su reto más difícil: la inserción en la economía de mercado y un contacto cultural despiadadamente desigual. En realidad, el cambio ya ha comenzad y se adueña de las nuevas generaciones: cuando mueran estos viejos, sus hechos y costumbres no quedarán más que en la memoria de los que tuvimos la suerte de conocerlos. En pocos años, este maravilloso pueblo amazónico ya no será el mismo.

Sin duda, lo mejor que se puede hacer por los huaorani es simplemente dejarlos solos. Ellos saben cómo vivir y definitivamente no necesitan la ayuda de nadie. Más programas gubernamentales, carreteras petroleras, misiones religiosas o asistencia de fundaciones, lo único que logran es acrecentar el caos entre los huaorani, no importa cuáles sean las intenciones. Si la nación ecuatoriana tan solo pudiera dejarlos vivir de la manera que hasta ahora lo han hecho, creo que ellos se encargarán de seguir siendo los pilares entre el cielo y la tierra.



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