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no. 110
noviembre diciembre 2017

 

 

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Portada de la revista Ecuador Terra Incognita 110: Los invencibles shuaras del alto Napo es considerado el primer documental etnográfico rodado en el país. Fotograma: Carlo Crespi / Archivo de la Cinemateca nacional



 

 

Carta del editor

Es impulso del ser humano registrar lo que le sucede. El cazador que regresaba al cubil relataba a los suyos las peculiaridades de la jornada. Las hazañas, reales o imaginadas, se repetían a terceros, y los portentos rodaban por la pendiente de las generaciones en forma de canciones y cuentos. La primera tabula fue virtual; el documento era la palabra hablada.

En algún momento la vocación de trascendencia se reveló contra la fragilidad de lo oral. Entre 500 mil y 40 mil años hace, nuestro ancestro buscó un soporte material. Maros, Blombos, Palmira, Lascaux…, imágenes condenadas a la oscuridad cavernaria hasta que la titilante luz de una antorcha las reviva. Avanzamos decenas de miles de años y, vuelta, el registro del mundo se afinca en una cueva oscura donde se iluminan imágenes: el documental cinematográfico. Abrimos esta edición con un artículo en el que Gabriela Alemán repasa los avatares del cine de no ficción en el país desde que, en 1906, la luz ecuatorial incidiera por primera vez la película de celuloide.

Para los periodistas, registrar lo que pasa es más que un impulso; es una vocación y es un deber. En ocasiones, el cumplimiento del oficio entraña riesgos ciertos; en el caso del equipo de El Comercio que reporteaba la violencia en Esmeraldas, se materializaron en tragedia. Como homenaje, publicamos una selección de la cobertura que el fotógrafo Paúl Rivas venía haciendo de la frontera por años. Su archivo es evidencia de que la compleja situación actual no es nueva, aunque esa evidencia no haya alcanzado siempre la consciencia del público.

Los documentos, por supuesto, no son un simple registro de la realidad, sino que la crean, la reproducen, la consolidan. En pocas instancias esto es más evidente que en los mapas. La cartografía temprana del territorio ecuatoriano que aquí publicamos está cargada de proclamas, escamoteos y adjudicaciones que procuran colarse en los imaginarios. La retórica de algunos de ellos, coincidirá el lector, no excluye la belleza.


Correo

Este es un espacio de diálogo. Envía tus opiniones o noticias a ecuadorterraincognita@yahoo.com. Por espacio o claridad, las cartas pueden ser editadas.

Nueva ley ambiental

Es muy importante analizar el nuevo Código Orgánico Ambiental que acaba de entrar en vigencia en Ecuador, y tener una perspectiva amplia de los antecedentes del derecho ambiental en el mundo y en el país, tomando en cuenta la abrumadora destrucción ambiental que comenzó con la revolución industrial. Me pregunto si existe un análisis integral del alcance que han tenido las múltiples declaraciones y convenios globales establecidos en torno a la protección ambiental, así como sus efectos y falencias. En Ecuador, está claro que las tasas de deforestación, contaminación y explotación ambiental son preocupantes, lo cual resalta la importancia de contar con un Código Orgánico Ambiental que agrupe todas las normas de las leyes que se han establecido, y evite la dispersión legal y la falta de claridad en cuanto a las responsabilidades, que garantice la participación social, el acceso a la información y, fundamentalmente, que se cumpla. Por eso, creo que si bien es crítico mirar los temas clave del nuevo Código, es también necesario analizar cada temática más a profundidad y realizar investigaciones transdisciplinarias en las universidades sobre la legislación ambiental en el país, sus cambios, alcances, falencias y resultados para estar atentos, y como sociedad civil, vigilar y exigir que se cumpla el Código, y que se proteja integralmente el ambiente, la salud, el territorio, la cultura y la vida de los seres que lo habitamos y dependemos de su existencia.

Nadia Romero
Colectivo de Geografía Crítica, Nayón

Interesante el artículo sobre el nuevo Código Orgánico Ambiental. Incluso para quienes entendemos muy poco de legislación, saber que ahora contamos con una ley ambiental más sólida porque agrupa las normas legales antes dispersas, es alentador. Sin embargo, como señala el propio autor del artículo, la existencia de una ley ambiental más sólida no garantiza su aplicación efectiva. Para ejemplo, tenemos nuestros súper derechos de la naturaleza reconocidos en la constitución. Estaré errada, pero el reconocimiento de esos derechos, que ya cumple diez años, ha servido más para el discurso que para la defensa de la naturaleza, al menos de parte de los tomadores de decisiones. Unos cuantos ejemplos: Yasuní ITT, expansión megaminera, gigantescas pesquerías de atún, hidroeléctrica de Manduriacu. Cruzo los dedos para que la nueva ley sirva de verdad para vetar las actividades extractivas en áreas ecológicamente muy sensibles o en áreas donde sus pobladores se oponen en defensa de sus territorios y recursos. Ojalá las normas ambientales que reúne este código se apliquen con la misma celeridad a las grandes empresas mineras, palmicultoras o pesqueras, que a los individuos que hace poco fueron arrestados por matar un venado en Antisana.

Daniela Flores, Quito

 

Primates de la Costa - errata

En nuestra edición 108, por error intercambiamos los datos de declive poblacional entre el mono aullador y el mono araña. Los datos correctos estiman que la disminución de poblaciones del aullador alcanzará un 50% en el futuro cercano, mientras que las poblaciones del mono araña al parecer declinarán en más de 80%.

Además, los datos de ecología de los primates pueden ser complementados con la siguiente información, peculiar a las poblaciones ecuatorianas. Las tropas de monos aulladores en Ecuador raramente superan los diez individuos y su área de vida rodea las diez hectáreas. El mono araña puede conformar grupos de hasta 35 individuos y ocupar áreas de vida incluso superiores a 450 hectáreas. El capuchino ecuatoriano ocasionalmente supera las quinientas hectáreas de área de vida, mientras que el capuchino cara blanca, en Ecuador, suele encontrarse en grupos de dos a veinticuatro individuos, en territorios que no superan las ochenta hectáreas.

 

 


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