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no. 111
enero febrero 2018

 

 

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Portada de la revista Ecuador Terra Incognita 111: loros cara rosada (Pyrilia pulchra). Foto: MURRAY COOPER



 

 

Carta del editor

Las aves han acompañado a la humanidad desde los albores de nuestro viaje evolutivo. Talvez el primer y más obvio uso que les hemos dado es el de alimento, pero desde siempre hemos utilizado, por ejemplo, sus plumas como adornos, trazadores de signos o modelos para estructuras ultralivianas. Los cantos de los pájaros nos anuncian el inicio y el final de cada día, y entre estos dos hitos cotidianos, su compañía es constante, incluso en las ciudades.

A pesar de este contacto diario, milenario, nos siguen fascinando. Basta ver el efecto que tienen en los guaguas. De las primeras cosas que asombraron a mis hijos, son el revoloteo de las palomas y las estridencias de los mirlos; son estas las que les siguen, ya más grandecitos, sin falla, reclamando. Sin duda esa impresión tiene que ver con la capacidad mágica del vuelo. El solo atestiguarlo nos transforma a los humanos en seres carentes, rastreros, limitados. Y a ellos, por contraste, en emisarios del cielo y de los dioses de que se abarrota. Pues hay dioses en todas las culturas y, como nos cuenta María Fernanda Mejía en uno de los artículos de este número especial, no pocos han tomado la forma y los atributos de las aves.

Tan diversos y soberbios como los dioses de ultramundos son las especies que pueblan esta, nuestra tierra. El planeta, en general, pero en particular el pedacito que nos ha tocado a los ecuatorianos, según repasa Patricio Mena en su artículo. Esa profusión de especies ha convertido a nuestro país en destino de tropeles de ornitólogos y, desde hace pocos años, también en cuna de pajareros profesionales y aficionados. Juan Freile, uno insigne entre ellos, disecciona las motivaciones de la pasión de observar pájaros. Hay quienes se dejan atrapar por un aspecto particular de estos seres. Oscar Laverde y Paula Caycedo, por ejemplo, dedican sus vidas a entender qué hay tras el canto de las aves (y a contárnoslo en estas páginas). Y como las aves siguen siendo fuente de ensueño y fantasía, cerramos el número con un cuento de José Luis Barrera en el que los protagonistas son gallinazos. Seres omnívoros, como nuestros lectores.


Correo

Este es un espacio de diálogo. Envía tus opiniones o noticias a ecuadorterraincognita@yahoo.com. Por espacio o claridad, las cartas pueden ser editadas.

Pedro Vicente Maldonado, ¿ecuatoriano!

Este es mi segundo año de suscripción de la revista Ecuador Terra Incognita; el trabajo que hacen en la difusión de nuestra cultura es invaluable. Es justamente el trabajo que nuestro país requiere. En esta ocasión, al leer el artículo “Figurando la Nación” (ETI 110), que es muy interesante, me percaté que se ha cometido un error, muy recurrente en artículos que topan temas históricos, pero error al fin. En el artículo, el autor se refiere a Pedro Vicente Maldonado como ecuatoriano. El mencionado nació en Riobamba, por lo tanto fue riobambeño. Mas Riobamba pertenecía al antiguo (y popularmente llamado) Reino o Audiencia de Quito, por lo que fue quitense. Este reino formaba parte del imperio español, por lo cual Maldonado fue español, no ecuatoriano. Pedro Vicente Maldonado, de hecho, nació y murió en el siglo previo a la creación de la Gran Colombia y de la república del Ecuador. Este tipo de imprecisiones históricas quitan rigor a los artículos que los contienen y han sido un mal contra el cual el trabajo de la historiografía ha tenido que luchar durante los últimos años.

Johnny Mejía Burbano, Quito

 

Menos plástico, más coherencia

Leo y espero siempre con mucha atención encontrarme con una nueva publicación de su revista que tiene un gran significado para mí, pues trae artículos muy interesantes y de gran calidad sobre el Ecuador, que me permiten aprender y valorar más mi país.

Algunos años atrás, no recuerdo la fecha exacta, un lector presentó una sugerencia acerca de los materiales contaminantes utilizados en la impresión de la revista. Su respuesta fue que buscarían soluciones disponibles en nuestro medio y, eventualmente, la decisión de imprimir la revista sin el recubrimiento en la portada que era lo que preocupaba al lector.

Hoy me encuentro que la revista viene envuelta en una funda plástica, que estoy seguro que debe tener una razón más allá de esta cultura del desecho en la que nos encontramos inmersos. Por la orientación y la línea editorial de la revista, creo que se deben buscar formas creativas de contribuir a la reducción de los plásticos que desechamos al ambiente. Como sabemos, son una fuente increíble de contaminación que a la larga terminan en los océanos.

Mis felicitaciones a Lucía de la Torre por su maravilloso artículo sobre el penco azul (ETI 109). Para nosotros, los serranos, son parte del paisaje cotidiano y me parece que el artículo contribuye con un rescate y valoración de esta especie.

Pablo Malo, Cuenca

 

Respuesta de Ecuador Terra Incognita

Gracias por las felicitaciones y los comentarios. Sí, la utilización de plástico en la distribución de la revista es un tema que nos preocupa y que no hemos logrado resolver. Intentamos limitarla al máximo. Solo enfundamos las revistas que enviamos por correo o para los locales de distribución que nos lo piden o donde sabemos que se estropean por alguna razón. De todas formas, siempre estamos analizando otras opciones. Las bolsas hechas de material biodegradable (de almidón de maíz o de arroz) son todavía de un precio prohibitivo para usarlas en nuestra distribución. Aquellas que dicen ser “biodegradables”, que se utilizan en algunos supermercados o para la distribución de algunos periódicos en nuestro medio, en realidad no los son (ver ETI 60), y constituyen un mercadeo engañoso que se aprovecha de las legítimas preocupaciones de los consumidores. Seguimos buscando soluciones viables y amigables con el ambiente, quizá basadas en papel (que también tiene sus problemas). Agradecemos, en ese sentido, las exigencias y sugerencias de nuestros lectores.

 

 


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