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no. 109
septiembre octubre 2017

 

 

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Portada de la revista Ecuador Terra Incognita 109: La explotación del bloque 31 del ITT, dentro del Yasuní, se hizo pese a los impedimentos legales que buscaban impedirlo. Foto: Ivan Kashinsky



 

 

Carta del editor

El nuevo Código Orgánico del Ambiente que entrará en vigencia este 12 de abril tiene una enorme relevancia para el país, pues revoca, sustituye y unifica a todos los otros cuerpos legales que de forma dispersa norman el tema ambiental. Nuestra constitución incorporó en 2008 algunos principios innovadores, como los derechos de la naturaleza o el principio de precaución; mas estos enunciados generales solo cobran efectividad cuando se establece la normativa específica para poder aplicarlos. Ricardo Crespo, quien ha hecho del derecho y el ambiente su carrera, desmenuza para nuestros lectores los vericuetos más relevantes de estas reformas legales. Y es mejor que los comprendamos, pues lo hagamos o no afectarán nuestras vidas.

De la comprensión y apropiación de la propia vida a través de la fotografía nos habla la muestra que presentamos en nuestra sección gráfica. Dos fotógrafas indígenas y una mestiza dirigen sus cámaras a la cotidianidad en el territorio wao. Como es habitual en los procesos colonizadores como el que ahora enfrenta ese territorio, ese ha sido un espacio profusamente fotografiado (es decir, encuadrado, objetivado, interpretado, apropiado) por la mirada occidental y masculina. Como reflexiona Cristina Mancero en el texto que acompaña las imágenes, allí la fotografía femenina e indígena implica un gesto político no solo de resistencia sino de autoconocimiento.

Cuando de conocerse a nosotros mismos se trata, pocos caminos hay mejores que la revisión del uso de la flora de un país que hacen sus gentes. Es afamada la profusión de usos que los mexicanos han dado a la gran variedad de agaves con los que cohabitan. Mucho menos conocido es que aquí, en Ecuador, también les sacamos el jugo a las pocas especies que tenemos. Pencos, agaves, cabuyas o chaguarqueros, en su artículo Lucía de la Torre nos recuerda que nos sirven desde como materiales de construcción hasta endulzantes como el chaguarmishqui. Que de similar provecho les resulte esta edición, queridos lectores.


Correo

Este es un espacio de diálogo. Envía tus opiniones o noticias a ecuadorterraincognita@yahoo.com. Por espacio o claridad, las cartas pueden ser editadas.

Arte precolombino

Felicitaciones por los excelentes contenidos que mantiene Ecuador Terra Incognita. Soy lector asiduo de la revista desde hace muchos años. Me permito poner a su consideración que traten en alguna edición futura sobre el primer museo de arte precolombino en realidad aumentada del mundo (MAPRAE), el cual funciona desde el año pasado en la isla Santa Cruz, Galápagos. Este museo nos muestra el rico pasado artístico y cultural de los pueblos prehispánicos con innovación y tecnología del futuro. El MAPRAE es un emprendimiento privado que trabaja de manera gratuita con escuelas y colegios de Galápagos, permitiéndoles acercarse y conocer el pasado precolombino del Ecuador. Es el único espacio en las islas que brinda esta información. Les agradecemos por ayudarnos a difundir nuestro pasado.

Víctor Hugo Burbano, Puerto Ayora

 

Conservación de primates

Qué importante que incluyan temas de los que poco se hablan en el país, como el estado de conservación de los bosques del Ecuador y sus habitantes. Me gustó cómo se presentó el tema de los aulladores en la provincia de El Oro a través de experiencias de campo de las investigadoras, y revisando la problemática que enfrentan ahora los monos aulladores que sobreviven en esta región del país. Al leer el artículo pensaba en lo curioso que es observar las diferentes motivaciones que nos mueven a los seres humanos a entrar en un bosque. Por un lado, las compañeras presentan su historia de esfuerzo, motivación y tenacidad buscando primates. Como trasfondo de su historia, se puede notar que hay una preocupación real por conservar los bosques que tan aceleradamente estamos destruyendo en el país. Es claro su interés por entender más sobre otros organismos no humanos. Por otro lado, hay quienes entran en un bosque motivados por talarlo todo para crear un enorme monocultivo de palma africana o monótonos complejos de concreto. Si indagamos un poco más, encontraremos que la razón por la cual llegamos como humanidad a elegir opciones como estas últimas es el dinero. Por mi parte, apoyo los caminos que promueven el respeto y bienestar no solo humano, sino de todos los ecosistemas, incluidos monitos, raposas, mariposas, plantas y demás organismos. Ojalá que sean cada vez más los que transiten por caminos similares, con integridad y respeto por la naturaleza.

Paola Moscoso, Puembo


Pesca y sustentabilidad

La mayoría de personas tenemos claro por qué una actividad ilícita que atente contra la biodiversidad debe ser penalizada, mucho más ahora que el tema ambiental es prominente hasta en nuestra constitución. Debemos exigir al gobierno mejores y más severos marcos legales, específicos para la protección de especies marinas. Un caso es el de los tiburones, que son devastados no solo por la pesca ilegal, muy difícil de cuantificar, sino también por la pesca legal.

Muchos confunden los términos “artesanal” o “legal” como sinónimo de sustentabilidad. Con el progresivo descontrol que se da con respecto a la pesca, esto no siempre es cierto. La pesca artesanal se parece cada vez más a la industrial en términos de volúmenes extraídos, lo que afecta a especies migratorias como los tiburones.

Con un precio cercano a los US$20 por kilogramo de aletas, el incentivo para que pescadores y comerciantes se enfoquen en estas especies es muy grande. Como individuos, es importante que empecemos a poner mayor atención en lo que consumimos y la manera en que lo hacemos. Y como sociedad debemos dedicar más investigaciones al problema del agotamiento global de las pesquerías. En este sentido, me sirvió mucho de inspiración su edición especial sobre el mar (ETI 46), en la que se tratan estos temas cruciales para el país y el mundo.

Francisco Velásquez,
fundación Vida Silvestre, Quito

 

 


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